Autor cubano nacido en La Habana en 1955, Leonardo Padura estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de La Habana, tras lo que inició una carrera como periodista a través de las páginas de medios y revistas como El caimán barbudo, llegando a ser jefe de redacción en La Gaceta de Cuba.
Además de por sus reportajes sobre historia y cultura, que luego aprovecharía en muchas de sus historias, sin duda Padura es conocido por sus novelas. Publicó la primera en 1988, Fiebre de caballos, y desde entonces ha desarrollado una notable trayectoria narrativa, con especial atención a la novela negra y a la sociedad cubana.
Ha escrito también guiones cinematográficos, tanto para el género documental —Yo soy del son a la salsa—, como para la ficción —Regreso a Ítaca—. Son interesantes también sus ensayos dedicados a la literatura, con especial atención a sus textos sobre Carpentier o Heredia, además de su análisis sobre la novela negra y policial en castellano.
Pero sus obras más conocidas a nivel internacional son las protagonizadas por el detective Mario Conde, destacando la Tetralogía de las Cuatro estaciones, Adiós Hemingway, La neblina del ayer o Herejes. También habría que destacar otras como El hombre que amaba a los perros.
A lo largo de su carrera Padura ha recibido numerosos premios, como el Hammett, el Café Gijón, el Raymond Chandler, el Roger Caillois o el Initiales, además del reconocimiento a toda su obra por parte del gobierno francés al otorgarle la Orden de las Artes y las Letras, así como del español, que le concedió el Premio Princesa de Asturias de las Letras en el año 2015.
Obras:
El hombre que amaba a los perros (2009):
En 2004, a la muerte de su mujer, Iván, aspirante a escritor y ahora responsable de un paupérrimo gabinete veterinario de La Habana, vuelve los ojos hacia un episodio de su vida, ocurrido en 1977, cuando conoció a un enigmático hombre que paseaba por la playa en compañía de dos hermosos galgos rusos. Tras varios encuentros, «el hombre que amaba a los perros» comenzó a hacerlo depositario de unas singulares confidencias que van centrándose en la figura del asesino de Trotski, Ramón Mercader, de quien sabe detalles muy íntimos. Gracias a esas confidencias, Iván puede reconstruir las trayectorias vitales de Liev Davídovich Bronstein, también llamado Trotski, y de Ramón Mercader, también conocido como Jacques Mornard, y cómo se convierten en víctima y verdugo de uno de los crímenes más reveladores del siglo XX. Desde el destierro impuesto por Stalin a Trotski en 1929 y el penoso periplo del exiliado, y desde la infancia de Mercader en la Barcelona burguesa, sus amores y peripecias durante la Guerra Civil, o más adelante en Moscú y París, las vidas de ambos se entrelazan hasta confluir en México. Ambos historias completan su sentido cuando sobre ellas proyecta Iván sus avatares vitales e intelectuales en la Cuba contemporánea y su destructiva relación con el hombre que amaba a los perros.






