sábado, 23 de junio de 2018

Leonardo Padura


Autor cubano nacido en La Habana en 1955, Leonardo Padura estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de La Habana, tras lo que inició una carrera como periodista a través de las páginas de medios y revistas como El caimán barbudo, llegando a ser jefe de redacción en La Gaceta de Cuba.
Además de por sus reportajes sobre historia y cultura, que luego aprovecharía en muchas de sus historias, sin duda Padura es conocido por sus novelas. Publicó la primera en 1988, Fiebre de caballos, y desde entonces ha desarrollado una notable trayectoria narrativa, con especial atención a la novela negra y a la sociedad cubana.
Ha escrito también guiones cinematográficos, tanto para el género documental —Yo soy del son a la salsa—, como para la ficción —Regreso a Ítaca—. Son interesantes también sus ensayos dedicados a la literatura, con especial atención a sus textos sobre Carpentier o Heredia, además de su análisis sobre la novela negra y policial en castellano.
Pero sus obras más conocidas a nivel internacional son las protagonizadas por el detective Mario Conde, destacando la Tetralogía de las Cuatro estaciones, Adiós Hemingway, La neblina del ayer o Herejes. También habría que destacar otras como El hombre que amaba a los perros.
A lo largo de su carrera Padura ha recibido numerosos premios, como el Hammett, el Café Gijón, el Raymond Chandler, el Roger Caillois o el Initiales, además del reconocimiento a toda su obra por parte del gobierno francés al otorgarle la Orden de las Artes y las Letras, así como del español, que le concedió el Premio Princesa de Asturias de las Letras en el año 2015.
 
Obras:
 
El hombre que amaba a los perros (2009):
En 2004, a la muerte de su mujer, Iván, aspirante a escritor y ahora responsable de un paupérrimo gabinete veterinario de La Habana, vuelve los ojos hacia un episodio de su vida, ocurrido en 1977, cuando conoció a un enigmático hombre que paseaba por la playa en compañía de dos hermosos galgos rusos. Tras varios encuentros, «el hombre que amaba a los perros» comenzó a hacerlo depositario de unas singulares confidencias que van centrándose en la figura del asesino de Trotski, Ramón Mercader, de quien sabe detalles muy íntimos. Gracias a esas confidencias, Iván puede reconstruir las trayectorias vitales de Liev Davídovich Bronstein, también llamado Trotski, y de Ramón Mercader, también conocido como Jacques Mornard, y cómo se convierten en víctima y verdugo de uno de los crímenes más reveladores del siglo XX. Desde el destierro impuesto por Stalin a Trotski en 1929 y el penoso periplo del exiliado, y desde la infancia de Mercader en la Barcelona burguesa, sus amores y peripecias durante la Guerra Civil, o más adelante en Moscú y París, las vidas de ambos se entrelazan hasta confluir en México. Ambos historias completan su sentido cuando sobre ellas proyecta Iván sus avatares vitales e intelectuales en la Cuba contemporánea y su destructiva relación con el hombre que amaba a los perros.

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