Autora y periodista francesa, Tatiana de Rosnay nació en París en 1961, pero se crió a caballo entre Estados Unidos e Inglaterra, donde estudió Literatura Inglesa en la Universidad de East Anglia. Tras acabar su formación volvió a Francia, donde trabajó como periodista y crítica literaria.
En 1992 publicó su primera novela, L'Appartement témoin, y desde entonces ha combinado su labor periodística con la literatura y la escritura de guiones. En 2006 logró su primer gran éxito internacional con la novela La llave de Sarah, obra que ha vendido más de siete millones de ejemplares en todo el mundo y que fue llevada al cine en 2009.
Desde entonces ha escrito libros como La casa que amé o Tinta rusa y es considerada por la crítica francesa como una de las mejores autoras de las últimas décadas.
Obras:
La casa que amé (2010):
París, década de 1860. La ciudad está en pleno proceso de cambio, abandonando el París medieval para dar paso al París moderno y urbano. El barón Haussmann, prefecto de la ciudad, por encargo del emperador Napoleón III llevará a cabo las grandes ideas y estrategias de esta radical reforma.
Cuando Rose se casó con Armand Bazelet sabía que se unía al hombre de su vida. Su larga unión fue algo hermoso e inquebrantable. Pero hace diez años que Armand ya no está. Y a Rose tan solo le queda la casa, la casa donde nació Armand, y su padre, y el padre de su padre. La casa de la calle Childebert, antigua y robusta, solo habitada por generaciones de Bazelet, que ha albergado mucha felicidad y también tristezas, y un terrible secreto jamás confesado. Y le quedan sus vecinos, entre ellos al joven Alexandrine, capaz de aturdir y reavivar a Rose con su fuerte personalidad, sus maneras modernas y rotundas y su sincero afecto.
Por eso, cuando una carta con remite "Prefectura de París. Ayuntamiento" le anuncia que su casa y todas las de la calle serán expropiadas y derribadas para continuar la prolongación del bulevar Saint-Germain, siguiendo los planes de remodelación de la ciudad de París del barón Haussmann, Rose solo sabe una cosa: tal como prometió a su marido, jamás abandonará la casa.
Con el telón de fondo de la convulsa Francia del siglo XIX, Tatiana de Rosnay desarrolla un delicioso y conmovedor retrato de un mundo que ya no existe, de calles a la medida del hombre que albergan a personas que se relacionan, que desempeñan sus oficios unos cerca de otros, que se enfrentan y que se apoyan. Un libro inestimable que hace reflexionar sobre lo que la modernidad, en su necesario avance de progreso y mejoras, arrolla y relega al olvido. Poco estaremos avanzando si, en el camino, ignoramos el alma de las cosas.


No hay comentarios:
Publicar un comentario