viernes, 26 de junio de 2020

George MacDonald Fraser


Escritor británico nacido en Carlisle el 2 de abril de 1925 y fallecido en la Isla de Man el 2 de enero de 2008. De padres escoceses, fue educado tanto en su localidad natal como posteriormente en Glasgow. Durante la Segunda Guerra Mundial se alistó en el Border Regiment. Fue ascendido a cabo cuatro veces debido a su degradación por faltas menores en tres ocasiones, una de ellas por perder una tetera. Años más tarde relataría todo lo ocurrido en el libro autobiográfico Quartered Safe Out Here (1992), ambientado en la Campaña de Birmania. Tras la guerra se incorporó a los Gordon Highlanders, otro cuerpo del Ejército, con los que sirvió en Oriente Próximo y le norte de África. Tras abandonar el ejército trabajó como periodista y, tras conocer la fama como novelista, sobre todo gracias a su serie de novelas históricas protagonizadas por Harry paget Flashman, también fue el autor o adaptador de guiones cinematográficos tales como Los tres mosqueteros (1973) y Octopussy (1983), entre muchos otros.

Obras:

Harry Flashman (Flashman 1) (1969):
Expulsado de un internado pro embriaguez y apartado del regimiento en que se enrola por pendenciero, Harry Flashman es enviado a Escocia, donde deshonra a una joven y se ve obligado a casarse con ella. Huyendo de esta situación, se traslada a la India, donde la casualidad, su cobardía innata y sus dotes para la impostura le convierten en un héroe de las guerras anglo-indias.
Soldado, duelista, amante, canalla, impostor, cobarde, sinvergüenza, héroe..., Harry Flashman es un personaje inolvidable con un talento innato para salvar el pellejo en el último instante y, además, conseguir que le cuelguen la medalla. Las aventuras de este agente secreto en Afganistán, y su incorporación a la exquisita compañía de húsares de lord Cardigan, culminan en uno de los más deshonrosos episodios en la vida de este peculiar «gentleman»: la histórica y desastrosa retirada de Kabul. Excitante, impúdica y absolutamente divertida, esta novela inicia uno de los mejores ciclos narrativos de los últimos tiempos.

Royal Flash (Flashman 2) (1969):
¿Quién sino el inefable Harry Flashman puede aportar más confusión al polvorín de Schleswig-Holstein, del cual depende el destino de Europa? Eso es al menos lo que piensa el canciller Bismarck, quien no duda en utilizar los encantos de la explosiva Lola Montes para apartar de su camino a tan molesto personaje. Pero Flashman tiene sus propios planes, entre los que se incluyen una boda real y el robo de las joyas de la Corona danesa. Su natural habilidad para provocar las más divertidas situaciones y su inagotable imaginación para el juego sucio y las fugas precipitadas alcanzan límites absolutamente épicos en esta segunda entrega de «Los diarios de Flashman».



Flashman y señora (Flashman 3) (1970):
Cuando Harry Flashman, el cobarde más condecorado y afortunado de la época victoriana, aceptó la invitación de su viejo enemigo Tom Brown para acudir a un partido amistoso de críquet, no podía imaginarse el lío en que estaba metiéndose; sin duda, el más arriesgado de su escandalosa carrera, una lamentable aventura que le llevaría a conocer un refugio de piratas en Borneo, una guarida en Chinatown y el palacio de una chiflada reina negra, entre otros parajes igualmente edificantes. Por supuesto, si Flashman hubiese sabido lo que le esperaba, no se hubiera tomado el críquet tan a pecho.
Esta es la tercera entrega de lo que en Royal Flash el narrador describía como «la historia de un cobarde deshonesto que tiene el perverso orgullo de haber llegado a una honorable y avanzada edad, a pesar de sus vicios y su completa falta de virtud o quizá, precisamente, a causa de todo ello».


Flashman y la montaña de la luz (Flashman 4) (1970):
En este nuevo volumen de «Los Diarios Flashman», el impenitente aventurero viaja a la India y, curiosamente, al poco tiempo estalla la guerra de los sijs. El relato de Flashman es una notable explicación de cómo estalla una guerra, y de los engaños, perfidias e intrigas que intervienen en su gestación y desarrollo. Pero también es la historia de una fabulosa joya y, al mismo tiempo, la de un extraordinario cuarteto de personajes: una reina hindú, una esclava y dos aventureros; una historia que podríamos considerar demasiado peregrina para ser ficción (aunque Kipling, al parecer, hizo uso de uno de estos personajes) si sus carreras no se pudieran constatar fácilmente a partir de fuentes contemporáneas.
Implicado en una peculiar red de espionaje en la corte del Punjab, buscando frenéticamente una fabulosa joya, o huyendo precipitadamente en el último momento, Flashman siempre conseguirá sorprendernos con nuevos aspectos de su personalidad. Pero, además, siempre encontrará tiempo para un revolcón con una cortesana hindú, alguna jovencita de buen ver o una espía de segunda fila. Vale la pena seguirle los pasos, todo un carácter.

Flashman el libertador (Flashman 5) (1971):
Flashman se ve envuelto en un caso de trampas a las cartas y debe desaparecer de Inglaterra cuanto antes. Gracias a las gestiones de su tío logra embarcar en un barco, pero lo que no puede imaginar en primer momento es que se trata de un barco que se dirige a las costas africanas en busca de esclavos, con el propósito de venderlos en el Caribe.
No será fácil la vida de Flashman a bordo, pero gracias a la Armada estadounidense y haciéndose pasar por espía al servicio de la Corona británica consigue la libertad. En Estados Unidos conoce a un hombre que le capta para que le ayude a llevar esclavos negros hasta Canadá, pero Flashman es descubierto en su primera misión y de nuevo debe escapar. Abraham Lincoln le ofrece su protección a cambio de información y Flashman debe declarar en el juicio. Alegando la necesidad de guardar el secreto para no perjudicar las operaciones de la Corona, Flashman consigue salir airoso del trance, decidido a regresar cuanto antes a las islas Británicas. Lo que todavía no sabe es que no podrá hacerlo y aún vivirá nuevas aventuras en el salvaje oeste.
Un personaje capaz de engañar al mismísimo Abraham Lincoln sin pestañear siquiera bien merece ser condecorado.

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